Rodrigo Hernández Cascante, treinta años, nacido en Villanueva de la Cañada, se puso por primera vez las botas de futbolista con el equipo de su pueblo y luego en el Majadahonda. Veinte años después dejar su primer club, ha sido cuatro veces campeón de la Premier League, campeón de la Champions, campeón del Mundialito de clubs, campeón de la Nations League, campeón de la Eurocopa y campeón del Mundo. A título individual ha sido el mejor jugador en la Premier, Champions y Mundialito en 2023; Balón de Oro en 2024; MVP de la Nations, la Eurocopa y el Mundial.
Si bajase un extraterrrestre y leyese el curriculum de este madrileño de pura cepa no tendría ninguna duda… ¿Un futbolista así en la cima del mundo? Pues será del Real Madrid. Pero en el fútbol actual nada es tan sencillo como parece. Rodri hizo bueno aquello de triunfar fuera para que te respeten en casa. Se formó en el Atleti, que lo fichó al Majadahonda; se hizo jugador en el Villarreal; se mostró al mundo en el City y se convirtió en estrella en la Selección española. Porque el mejor futbolista madrileño de este siglo y uno de los mejores de la historia pasó fugazmente por el primer equipo del Atlético y nunca lo ha hecho en el Real Madrid.
A los merengues el Mundial les cogió a contrapié. El club más laureado de la historia lleva dos temporadas “en blanco” – valga la broma facilona- viendo como el Barça de Flick se lo merienda en casa y el PSG de Luis Enrique se come la tarta europea. Hace dos temporadas Tony Kroos se retiró; Florentino fichó a Mbappé. El francés marcó 31 goles y fue pichichi pero el club tuvo que conformarse con la Intercontinental cuando el “baby Barça” aún cogía carrerilla. El pasado verano, con la llegada de Xabi Alonso, Modric se fue a Italia; Florentino eligió juventud y fichó a Carreras, Huijsen y Mastantuono. Los tres se quedaron sin Mundial y el entrenador no terminó la temporada; la terminó con más pena que gloria su sustituto, Arbeloa. El jugador malagueño se perdió la cita mundialista pese a haber sido una apuesta inicial de De la Fuente y el ferrolano ni siquiera pudo ser suplente de Cucurella. Mastantuono llegó con la vitola de ser “mejor que Lamine” y ahora busca un club en el que poder reencontrarse con el fútbol.
Puestas así las cosas a nadie – o a pocos – les extrañó la ausencia de jugadores madridistas en la lista nacional. Además, los resultados munidialistas fueron un dolor de muelas para el reelegido presidente blanco. Pleno de éxitos de De la Fuente, discreto papel de los madridistas – excepto Cucurella, fichado cuando ya la Selección hacía “las américas”- y éxito total de los señalados por Riquelme cuando el valenciano disputaba el trono blanco. Haaland cumplió sobradamente las expectativas y Rodri era elegido MVP tras una semifinal y final antológicas. Hasta la fracasada Alemania hurgaba en la herida eligiendo a Klopp como nuevo seleccionador.
Florentino reaccionó a todo ello tirando de talonario y de las plusvalías que generan los canteranos – no es este Madrid mucho de dar oportunidades a sus jóvenes valores -. Ungido Mourinho como timonel, los “portavoces” oficiosos del equipo madrileño comenzaron el baile de los supuestos fichajes. El presidente había prometido una estrella y vendría una estrella. Enzo, Olise, Julián o Haaland pasaron como llegaron; profecías incumplidas. El Madrid se afanaba. Dumfries, Konaté, Cucurella, Bernardo Silva. Sólo el lateral catalán olía a estrella. ¿Y por qué no Rodri?. El capitán español soñaba con vestirse de blanco así que en un plis plas se dió por cerrado el acuerdo. Se dieron cifras y el madridismo se felicitaba por el mejor fichaje posible para una sala de máquinas huérfana de talento.
Pero los días pasaban y no había movimiento entre el Madrid y el City. Los de Florentino encontraban tiempo para hacer feliz al Leipzig convirtiendo a Diomandé en el fichaje blanco más caro de la historia, renovar a Vinicius y hasta acordar con el Levante, en una tarde, el traspaso de Carlos Espí. ¿Y Rodri?. Nada; de Rodri, nada. El 7 de agosto los medios de comunicación informaban que el capitán de la selección española había elegido negociar con el Barça. El domingo 16 el club anunció el acuerdo con el jugador y con el Manchester City. ¿Cómo es posible?, se preguntan los entendidos en la cuestión. Ha elegido un proyecto de equipo más sólido, prefiere a Flick.. el Barça confió en él.. En el año 2019 Rodri esperó, en vano, la llamada del Madrid. En 2024, ya consagrado, Florentino decidió desairarle el día que recibía el Balón de Oro. Allí, agarrado a dos muletas, debió preguntarse porqué le hacía esto el club de sus sueños. En 2026, el MVP del Mundial, decidió que no tocaba esperar. Nunca vestirá la camiseta que de niño soñó, pero ya tiene la alforja llena de logros que ni siquiera entonces se atrevía a imaginar. Seguramente Rodrigo Hernández, madrileño, treinta años, futbolista y Graduado en ADE, sin tatuajes ni perfil de instagram, sólo aspira a lo que aspiramos todos. Que si no nos pueden querer, al menos nos respeten. Así de sencillo.