Nota: Foto de la Federación española de fútbol
Cuando en el minuto 88 del partido, Wirt hizo enloquecer al Stuttgart Arena enviando al fondo de la red el enésimo rechace del enésimo ataque de una Alemania ya desesperada, a España entera le recorrió un escalofrío.. el fantasma de la eliminación en cuartos de final. La vuelta a aquél pasado ramplón en el que apuntábamos a todo y no llegábamos a nada o, lo que era aún peor, al batiburrillo de tiempos de Luis Enrique en el que, por discutirse, se discutía hasta la afición del seleccionador al ciclismo o sus gustos gastronómicos. Por si acaso, en medio del delirio teutón los aficionados al desguace afilaron las navajas y se lanzaron a degüello contra De la Fuente.. los cambios, el ritmo, la defensa, Morata. En un país como el nuestro, que tan bien se desenvuelve en la polémica, la vida y obras de la Selección se viven, a menudo, como las sesiones del Congreso.. con más ganas de eliminar al otro que de sumarlo a la causa. El drama estaba servido.
De todo ello nos salvó el cabezazo de Mikel Merino, cuando los alemanes ya se preparaban para los penaltis, y una prórroga para enmarcar. Porque si podrán discutirse la oportunidad, los cambios o el resultado de los mismos al seleccionador, no cabe duda que el planteamiento y ejecución de la los 27 minutos (largos) de tiempo añadido fueron una lección de control, buen fútbol, cabeza fría y dominio del balón y de los espacios. Y aún así, Alemania pudo haberse llevado el partido en un par de ocasiones que Unai Simón y la suerte frustraron.
España se recuperó del jarro de agua fría del empate a base de coraje e inteligencia. Sin sus mejores extremos, sin la habilidad de Morata, que si bien no marca es esencial para aguantar el balón delante y lanzar el contraataque, y con la fatiga y las consecuencias de la leña que repartió Alemania, la Selección tiró de cabeza para no verse sumergida en el ciclón alemán. Rodri dió una lección de liderazgo; Cucurella, Laporte, Nacho y Carvajal se convirtieron en perros de presa incomodando a la delantera germana mientras Torres, Oyarzábal y Joselu mantenían el balón arriba y avisaban, especialmente el vasco, que en cualquier momento podían darle un susto a Neuer. Pero el arreón definitivo vino de la cabeza de Merino; en el mismo escenario en que su padre, treinta y tres años atrás, amargó la noche al Stuttgart, se elevó por encima de Rudiger – temeroso de Joselu – para llevar la pelota a la escuadra y dejar mudos a los cuarenta mil alemanes que llenaban las gradas y a los millones que seguían el partido desde todo el país.
Lo cierto es que el partido cumplió todas las expectativas. Medios de comunicación y profesionales del fútbol señalaban el enfrentamiento como una final anticipada entre las dos selecciones que mejor han jugado. Si España nunca había derrotado a una anfitriona, Alemania llevaba décadas sin vencer al conjunto hispano en un campeonato oficial. Alguien tenía que romper el maleficio. Lo logró una España que viene recordando a aquél conjunto que nos regaló la primera estrella en el pecho. El periodista Juanma Castaño lleva semanas insistiendo en que este momento le recuerda al 2008, la Eurocopa ganada con Luis Aragonés en el banquillo y con la que se inició el lustro prodigioso. Buen ambiente, jugadores disfrutando el momento y ninguna tensión en la sala de prensa.. no hay mejor garantía para la paz que un equipo victorioso. El espíritu del 2008 planea, efectivamente sobre Donaueschingen, uno de esos bucólicos lugares en plena Selva Negra, donde la Selección española ha encontrado tranquilidad y mantiene un optimismo contenido mientras despliega el mejor juego del torneo.
Esta Eurocopa es ya un bálsamo para el alma maltrecha y dolorida del equipo nacional, convulsionado tras el período doble de Luis Enrique y el reguero de indecencias del “mundo Rubiales”. De la Fuente no llegó con las mejores credenciales y aún parecía un nombre de transición a la espera de la estrella que mejorara no sólo los números de Lucho, sino su relación con la mayoría de los medios de comunicación. Por si fuera poco, la asamblea convocada por Rubiales y la polémica con Sergio Ramos no contribuyeron a mejorar la imagen de quien había demostrado en las categorías inferiores ser un excelente constructor de equipos. Poco a poco, partido a partido, el seleccionador se hizo con el mando, consolidó un grupo, recuperó a jugadores olvidados anteriormente como Fabián o Cucurella – dos de los mejores del torneo – , le dio galones a Rodri para convertirlo en el mejor medio de Europa y le sacó brillo a los extremos soltando al vuelo a esas dos joyas que nos regaló el dios fútbol.. Yamal y Williams, cuya sociedad asombra a todo el continente.
Pero De la Fuente sabía que necesitaba un grupo sólido, concentrado y con respuestas desde el banquillo. No hay, en el fútbol actual, individualidad que garantice un título y esta Eurocopa ha sido testigo de ello. Del banquillo llegaron Nacho, Merino y Olmo, esenciales en el triunfo de cuartos de final y que seguramente lo serán también en las semifinales, habida cuenta de las bajas para enfrentarse a Francia. Probablemente el secreto del éxito haya sido poner al servicio de los jugadores un sistema que los haga aún mejores y les permita ofrecer sus mejores virtudes. Por ello este grupo, además de una calidad técnica indudable y sus cualidades en el manejo del balón resulta más vertical que aquella que asombró al mundo entre 2008 y 2012. El toque infinito, el pase, la posesión, al servicio del gol.
Es posible que España no gane el próximo martes y la ilusión se quede en la semifinal frente a una Francia ramplona en juego pero con mil posibilidades en ataque. Quizás no se alcance la final o se llegue a ella y no se alce el título. Pero, en cualquier caso, España vuelve a estar ya entre las más grandes. Y no sólo por clasificación sino, especialmente, por juego, armonía y actitud. No hay medio en Europa que no alabe el juego, la rapidez, la creatividad y el coraje de la Selección. No hay televisión que no haya ofrecido un reportaje sobre esos “juveniles” que decía Jens Lehmann (hay que ver en qué jardines se mete alguna gente aparentemente inteligente…) que tanto se marcan una diagonal mortal al borde del área como se juegan al “piedra, papel, tijera” quién va a buscar el zumo. Se agotan los elogios para Rodri, Carvajal, Cucurella, Olmo o Fabián.. España ha vuelto. No sabemos si esta Eurocopa finalizará como la de 2008, pero sí sabemos que, de nuevo, estamos en el camino. A disfrutarlo!.