Foto: RFEA
Durante los últimos cuatro días la federación Española de Atletismo nos hizo vibrar con los éxitos alcanzados por los atletas jóvenes en el Europeo Sub-20 disputado en Tampere. Catorce podios. Algunos esperados y habituales, como las medallas en marcha o en el relevo largo. Otros abren escenarios hasta ahora desconocidos, como los triunfos en los 100 metros lisos, en disco femenino o jabalina masculina.
Mientras esto sucedía, la selección española femenina de baloncesto sUB-20 se deshacía sin problemas de Lituania en la final del Europeo. Una nueva medalla en un verano de éxito para el basket español. Si la pasada semana los chavales de la Sub-18 tiraban de épica (y del genio de Del Pino) para convertirse en campeones, esta semana no hizo falta esperar ni siquiera al último cuarto. Las pupilas de Isaac Fernández arrasaron a las lituanas ganando la final de Matosinhos por cincuenta y dos puntos de diferencia. Poco más que decir.
Hace unos días eran las selecciones Sub-16 y Sub-19 de voleibol las que subían al podio europeo y mundial. Y así podríamos seguir.. balonmano, piragüismo, natación artística, hockey sobre patines o waterpolo. La cantera del deporte español funciona y lo hace no sólo en aquellos deportes en los que España es hegemónica desde hace décadas, como a golpe de patines y stick, sino en aquellas disciplinas donde tiene especial valor habida cuenta de los millones de jóvenes que las practican en todo el mundo: fútbol, baloncesto y, ahora, atletismo.
Sin duda unos de los motivos del éxito del deporte español, tanto masculino como femenino, es el trabajo de la cantera. No hay más que echar un vistazo a las páginas web de las distintas federaciones para comprobar el intenso trabajo que se ha venido haciendo en el fortalecimiento del deporte base. No hay atajos para el acierto y menos si lo que se quiere es mantenerlo en el tiempo. Las sucesivas cosechas de talento joven han permitido el recambio generacional en aquellas disciplinas que vivieron la retirada de nombres míticos. Fútbol o waterpolo afrontaron – y superaron- la retirada de quienes habían llevado el deporte español a lo más alto.
El mismo camino debe seguir el balonmano, con una generación joven ya curtida y exitosa en la alta competición, y que afronta el ciclo olímpico con el objetivo de incorporarla al combinado nacional y cohesionar un grupo que continue la senda del triunfo. También el baloncesto se enfrenta al reto de trazar un nuevo tiempo, con la tranquilidad del talento que acumula en las categorías inferiores aunque la “fuga” a USA sea una realidad con la que debe vivir y convivir el staff de la selección.
En definitiva, España ha aprendido a trabajar desde abajo. Sin duda con espacio para la mejora y mucho camino aún por recorrer, pero también con resultados que avalan lo que se está haciendo. No hay atajos para el acierto ni es suficiente con el talento. La excelencia precisa de instalaciones adecuadas y accesibles a todo el mundo, personal técnico cualificado, respaldo institucional y social al deporte y una estrategia definida – y acordada entre los distintos agentes – que permita alcanzar los objetivos marcados. Inteligencia, esfuerzo y perseverancia. No hay otro camino.